lunes, 22 de julio de 2013

Apocalípsis ( Parte IV )


                                                     La Muerte



  Monte Ararat, Turquía. Octubre.


     En la cumbre, una criatura humanoide que recuerda visualmente a un hombre de larga melena, permanece imperturbable a los fuertes vientos que azotan la cima del monte como si meditara o esperase que algo pasase.
  Es imposible saber que pasa exactamente por la mente de un ser que está tan lejos de nosotros, los humanos, como nosotros lo estamos de los insectos.
  Quizás esté pensando en la muerte, en que es algo tan natural como la vida misma y de hecho no podría existir la una sin la otra.
  La humanidad siempre ha sido consciente de ello y sin  embargo le ha otorgado al hecho del fallecimiento una importancia extrema, desmesurada casi.

     En algunas religiones politeístas de la antigüedad la muerte estaba simbolizada por una figura humana, animal o una mezcla de ambas.
  En la mitología escandinava la muerte era una mujer: Hela, la diosa asgardiana que ordenaba a sus valkirias, también féminas ellas,  dirigirse a los campos de batalla  recoger las almas de los guerreros caídos en combate.
  También eran mujeres en la mitología grecorromana las que cortaban el hilo de la vida de los humanos: Las Parcas, hilanderas del destino y en la hindú la diosa más temida era Khali, la destructora.
  Resulta lógico que la muerte sea representada tan a menudo por una mujer pues ellas son las que dan la vida, ¿ Quién mejor que una mujer para quitarla ?
  No obstante son los hombres los que causan más muertes por lo que en otras religiones como la del antiguo Egipto la figura de la muerte era medio hombre medio animal: Anubis, el dios chacal que conducía a los muertos por el rio haciá el otro mundo o el temido Seth, el dios serpiente con cuerpo de hombre y cabeza de cobra.

     El auge de las religiones monoteístas acabó con lo visión personalizada de la muerte relegándola un simple paso hacia el verdadero destino de la humanidad, el camino hacia otra dimensión ( cielo o infierno ) o un ligero paréntesis hacia una nueva vida ( reencarnación ).  Cada tipo de fe elegía un destino diferente pero todas coincidían en que era un mal necesario para alcanzar la felicidad final y definitiva.

     Pero ¿ Y si  no hubiese nada al final del camino, y si alguién o algo se hubiese asegurado de que la muerte tuviese entidad propia de forma real ? ¿ Que pasaría si algo hubiese transformado a ese, para algunos estado de transición para otros estado definitivo, en un ser con intelecto y poder pero sin voluntad propia ?
  Sería un poderoso títere sin duda alguna y el ser que le manejara tendría que ser poseedor de una fuente de poder inimaginable y para desgracia de la raza humana ese ser dispone de una fuente de energía casi ilimitada y está a punto de obtener aún más y eso le convertirá en una entidad omnipotente.
  Para obtener el poderío extra que necesita para llevar a cambio sus planes ha de enfrentarse a seres cuyo poder iguala o casi supera al suyo, pero lleva mucho tiempo planeando esto, lo tiene todo bajo control, y ahora llega el momento de crear a su peón definitivo.
    Para crear a esta criatura que se alimenta de fuerza vital elige un recipiente que antes fue humano para actuar como catalizador de su poder.
  Le parece apropiado que sea humano, como él mismo lo fue tiempo ha, y le parece adecuado que sea un niño...alguien que no haya vivido lo suficiente como para saber lo que es la vida, alguien que haya tenido unas experiencias vitales que le hagan temer, más que amar, a la vida.

     Said Al Jubbat es el elegido pues a sus ocho años no ha experimentado ni vida ni muerte aunque sus ojos ha visto tanta violencia, dolor y sufrimiento que se puede decir que se siente más cercano a la muerte que a la vida, a la destrucción que a la creación.
  Vive el Valle de Hebrón con otros muchos palestinos como él y su barrio está constantemente vigilado por soldados del ejército israelí por lo que siente miedo a salir a la calle y mucho más a ir a la escuela.
  Sus padres murieron durante un bombardeo de la aviación hebrea como represalia a un ataque terrorista de Hamas: Una bomba en un mercado que causó docenas de muertos y cientos de heridos.
  Said no se alegra cuando la gente muere de forma tan violenta sean de un bando o de otro pues ya ha visto demasiada sangre y está cansado, aun a su corta edad, de tener miedo...lo único que le alegraría sería su propia muerte pues no se le ocurre otra forma de dejar de estar asustado.
  Aunque, en este preciso instante, lo que le hace temblar de miedo es la presencia no humana que se yergue ante él, altivo e irradiando fuerza, como surgido de la nada.

     Cree que es un hombre que al menos lo fue alguna vez, pero sabe que ya no lo es, no sabe si no tiene cara o es que él no puede verla, no sabe si es joven o viejo, solo sabe que le puede destruir con solo pensarlo y teme que lo haga pero también lo desea.
  Pasan unos segundos, que a Said le parecen horas, y por fin el ser se acerca y deja caer la mano sobre su hombro con una suavidad inusitada. 
  Siente calor con el contacto, siente confianza, se siente fuerte sin nada de miedo y siente la voz del extraño desconocido en su cerebro:

-  " Mi pequeño Said, has sido elegido para una misión que te hará dejar de ser un niño, dejar de ser humano. No volverás a sentir miedo ni volverás a sentir nada pues ya no eres un ser sentiente ni un ser orgánico... Eres La Muerte y la ofensiva final contra el homo sapiens y todos los seres vivos que le acompañan comienza aquí y ahora. " -



                                                Fin de la 4ª parte




lunes, 15 de julio de 2013

Apocalípsis ( Parte III )

                                   La Guerra



Johannesburgo, República de Sudáfrica. Junio


     La etnia a la que se pertenece dentro de la especie humana es casual, nadie es más o menos afortunado por pertenecer a una u otra pero para algunas personas nacer con la piel oscura puede ser calificado de mala suerte.
  Eso le ocurrió a Julius Wishtown pues nació negro en un barrio de blancos en una ciudad para blancos de un país dominado y gobernado por blancos.
  No vino al mundo desvalido pues su familia era de posición acomodada lo cual era una ventaja unas veces y un inconveniente otras ya que el rechazo social del que era objeto se acentuaba por esta causa: Los negros de condición humilde ( la mayoría ) le odian por haber nacido ya con cosas que ellos nunca tendrían, por tener el futuro resuelto cuando ellos no saben como sobrevivir al presente.
  Por otra parte, a los blancos tampoco les gusta ver a un negro con ropa elegante, con un buen automóvil y viviendo en una residencia lujosa, les parece una abominación, algo contra natura.

     Quizás esto no fuera del todo cierto, quizás él exagera pero lo cierto es que se siente así: odiado pos todos y la realidad depende de como la percibas.
  Julius siempre evita el contacto directo con la gente fuera de su circulo familiar, se traslada a todas partes en coche y evita todo tipo de lugares concurridos  tanto fiestas o ferias al aire libre como lugares cerrados como cines, bares, discotecas, pabellones deportivos, etc.
  Su situación económica y la condescendencia de sus padres le permiten poder vivir sin trabajar, se niega a buscar trabajo a pesar de tener varios títulos universitarios obtenidos a distancia y su excusa siempre es la misma: " ¿ Para que voy a buscar un empleo si no me van a aceptar en ninguna parte por el color de mi piel ? ".
  Sus necesidades sexuales las satisface con prostitutas, siempre de raza blanca y de alto standing, con bastante frecuencia.
  No considera estos contactos como relaciones sexuales ni afectivas sino como transacciones comerciales.. Pagar por la obtención de un servicio como cualquier otro, dinero por placer.

     Una noche al volver de un supermercado de " 24 Horas " decide cambiar de ruta y en lugar de tomar la autovía principal, como siempre, da un rodeo por carreteras secundarias.. sus padres habían ido a la ópera y volverían tarde y no se le ocurría otra cosa para matar el tiempo hasta su vuelta pues no le gustaba estar en casa solo.
  Julius descubría un nuevo mundo: Calles que no sabía que existían  casas que nada tenían que ver con su lujoso barrio residencial, no había jardines ni guardias de seguridad ni tan siquiera una medianamente buena iluminación. " Aquí solo deben vivir negros desempleados " murmuraba para si mientras tomaba una curva cerrada y tan absorto estaba en todo lo que veía a su alrededor que no se percató de la cercanía de un paso de peatones ni de la persona que en ese instante cruzaba por él hasta que fue demasiado tarde.
  Trata de frenar de  inmediato pero para cuando lo consigue había un cuerpo humano chocando contra su parabrisas, chorreones de sangre cubriendo su lujoso coche y el sonido de huesos quebrándose y astillándose.
  El cuerpo rueda hasta el suelo por el abollado capó a gran velocidad mientras él trata de dejar de temblar y  desea creer que esto no está ocurriendo, que no es otra cosa que un mal sueño.

     Hace acopio de todo su valor, que no era mucho la verdad, respira profundamente, traga saliva y salie del coche lenta y titubeantemente.
  Se acerca al despojo sanguinolento que, unos segundos antes, era un hombre octogenario de piel blanca y unos sesos esparcidos por la calzada más unos ojos acusadores salidos de sus órbitas le hacen vomitar. Ahora sí que piensa que eso es una pesadilla pues  ¿Que hacía un blanco cruzando la calzada solo en un barrio pobre destinado a gente de piel oscura ?
  Un grito proveniente de algún edificio cercano rasga el silencio de la noches, da un salto dirigiéndose a si coche e intenta entrar. 
  Lo mejor era marcharse de allí, volver a casa y lavar bien el auto para al día siguiente llevarlo a un taller, ya sus padres se encargarían de resolver el asunto pues no hay nada que una buena suma dinero no pueda resolver.

     Ni siquiera pudo entrar en el coche pues alguien le sujeto con gran fuerza, en apenas un suspiro le hicieron dar un giro de 180 º para encararse con un grupo de personas, algunos semi desnudos, apenas cubiertos con pijamas o ropas de calle que, se notaba, se habían apresurado a ponerse, hombres y mujeres recién salidos de sus casas y casi todos de raza blanca.
  Sin tiempo de articular palabra alguna se lanzan sobre él como una jauría humana profiriendo gritos y agrediéndole con gran brutalidad: Una lluvia desmesurada de puñetazos, puntapiés, mordiscos y arañazos acompañados de golpes con objetos contundentes la hacen caer en redondo al borde de la inconsciencia. 
  Los golpes siguen impactándole de forma incesante acompañados de gritos ofensivos como " negro hijo de puta, asesino de blancos " provenientes de los más numerosos blancos o " Bastardo prepotente, te crees que puedes hacer lo que quieras por tener dinero " espetados por los de su misma raza. 

     Al fin llega la oscuridad, pierde la consciencia y está ajeno al dolor de la brutal paliza que le está llevando a un estado comatoso o algo peor más no está realmente inconsciente ni en coma ni muerto... Sigue vivo y en la misma calle pero no hay coche ni cadáver ni agresores ni sangre ni cadáver, su coche está intacto y así cualquier indicio de lo acontecido se ha esfumado.
  Además él esta sin un arañazo sin una sola herida ni fractura, nada.. ¿ Entonces sí que había sido un mal sueño, se había dormido al volante o algo similar ?
  No, lo que pasó fue real y algo le había salvado de su destino, algo o alguien que estaba muy cerca.. Percibe la presencia de una figura humana, un hombre alto de cabellos largos que le mira y la habla sin mover los labios porque no tiene o al menos él no puede verlos.
 Siente la majestuosidad de su presencia pero no puede saber como es realmente ni a que raza pertenece, en caso de pertenecer a la raza humana cosa que no tiene muy claro y oye su voz en su cabeza:

 - " Julius Wishtown ha sido asesinado, álzate y ven hacía mi sin temer a ningún hombre nunca más, ahora ellos te temerán a ti pues tú eres La Guerra " -


                                            Fin de la 3ª parte

  

Apocalípsis ( Parte II )


                                                  EL HAMBRE


Hanoi, Vietnam. Marzo


     La habitación de Liu Keng estaba a oscuras, como siempre lo estaba, a pesar de ser de día. Mantiene las artesanales persianas de bambú, de su modesta cabaña, bajadas tratando de alargar la noche, de retrasar la llegada de un nuevo día.
  Busca huir de la realidad cotidiana tratando de crear una ilusión, una fantasía en la que no tenga que preocuparse por la falta de alimento, la falta de empleo y sobre todo la ausencia de su amada esposa.
  A él le gustaría pensar que su adorada Mao Len se fue a causa de aquel fatídico accidente que le costó la pérdida de sus piernas pues es evidente que cuesta mucho más salir adelante, en una aldea pobre de un país que fue devastado por una guerra, estando lisiado.
  Que le abandonó al ver mermada su capacidad sexual no solo en lo físico sino también en lo anímico, que se busco un hombre que sí pudiera complacerla en todos los aspectos mas no fue así.

     Se querían, se amaban con locura, se necesitaban pero los sentimientos  son difíciles de mantener cuando te faltan necesidades básicas: " El amor sale por la ventana cuando el hambre entra por la puerta ". Cuando el hambre te corroe las entrañas es complicado charlar, comunicarse, abrazarse, besarse, sonreír, decir te quiero...
  Lo único que les mantenía unidos era la preocupación por el bienestar de su hija de seis años Rae pero cuando ésta murió, víctima de una anemia que se complicó por carecer de las vitaminas y minerales esenciales para el organismo humano, se abrió un abismo entre ambos y Mao Len no tuvo fuerzas para seguir en esa casa junto a lo que quedaba de Liu.

     El hambre también fue la causa de su minusvalía, de su desdicha locomotriz. Ocurrió durante la estación de las lluvias, una época bastante azarosa para encontrar empleo como jornalero en las haciendas de los poderosos del lugar.
  Tras haber recorrido muchas millas en su añeja bicicleta, buscando alguna persona que le pudiera proporcionar unas monedas o algo de comida a cambio de su esfuerzo, volvía a casa abatido preocupado, no por su dolorido estómago, sino por la desilusión que vería en el rostro de su mujer e hija. 
  Nunca le reprochaban nada pues sabían que hacía todo lo que podía pero el ver la decepción en sus rostros era algo terrible para él.
  Al pasar por la ciudad pensó que quizás podría humillarse para obtener alguna limosna de algún turista pero no fue eso lo que hizo pues el destino, dios o el diablo tenían otros planes para él.

     Se encontraba en la puerta trasera de un restaurante de cierto lujo para turistas cuando vio lo que creyó era los solución a sus males: Una caja repleta de comestibles frescos.
  Había de todo cereales, verduras, aceite de soja, pescado...  Quizás no pudiera cargar con todo pero sí con lo suficiente para que los rostros de sus amadas se  iluminarán de ilusión y agradecimiento en vez de la  tristeza y decepción habituales.
  El plan era simple: entrar rápidamente, coger todo lo que pudiera cargar y salir pitando con su bici perdiéndose por callejones oscuros hasta llegar a las afueras y huir campo a través.
  Mas las cosas no salieron demasiado bien pues en el instante que, una vez dentro del local, sus manos asían las provisiones apareció un enorme hombre asiático, ataviado con un delantal blanco y armado con un descomunal cuchillo, con una aterradora expresión homicida en su rostro.
  " A la mierda con la bici, tengo que salir corriendo con todo lo que pueda llevar ya " - Pensó Liu y echó a correr todo lo rápido que pudo por su vida, por su familia.

     Los hechos acaecidos a continuación no están claros en la memoria de Liu. Recuerda los gritos del enorme cocinero, los latidos de su propio corazón resonándole en los oídos.. Recuerda el sudor resbalando por su cara y a sus músculos quejándose por el esfuerzo  el bombeo incesante de adrenalina martilleando su cabeza... Y recuerda el sonido de un trueno, el resplandor de un relámpago, un calor abrasador..Recuerda su cuerpo cubierto de tierra y trozos de metal y sangre, mucha sangre y sobre todo recuerda que intentó levantarse, antes de perder el conocimiento, y no pudo pues no tenía con qué.
  Despertó horas más tarde en la cama de un hospital como paso previo a su ingreso en prisión... Lo primero que recuerda son las paredes de la habitación agrietadas por la humedad  los ojos enrojecidos de su mujer y su hija mirándolas desde el otro lado de un cristal junto a dos policías.
  Y sobre todo recuerda la sábana, en otro tiempo blanca, que trataba de ocultar que había perdido parte de él.
  El hambre, la necesidad habían sido los culpables de lo que acababa de perder y de los que perdería a continuación... El hambre, siempre el omnipresente hambre.

     Liu lleva cuatro noches y cuatro días sin moverse de la cama, en su pequeña cabaña que ahora se le antoja tan grande, sin comer sin beber hastiado de tener que luchar contra la necesidad, contra el hambre y contra la vida.
  Sin las mujeres de su vida ésta carece de sentido y espera que la deshidratación le mate pues sería una forma de vencer al hambre, al final él ganaría moriría pero no de hambre: la sed le mataría y vencería a la hambruna en su última batalla.
  Pero una vez más los planes de Liu se iban a frustrar: Con un destello de una luz tan intensa que daño sus ojos a través de sus párpados cerrados hizo acto de presencia alguien o algo que no era de este mundo.
  Del mismo modo que sentía la intensa luz a pesar de sus ojos cerrados " oyó " una voz que penetraba directamente en su cerebro, obviando el canal auditivo:

 - " Liu Keng tus fuerzas están volviendo, tus piernas vuelven a crecer. Este es un renacimiento pues ya no eres la persona que eras, de hecho ya no eres una persona: Eres La Peste- " -


                                               Fin de la 2ª parte
   

miércoles, 10 de julio de 2013

Apocalípsis ( parte I )

                                                        LA PESTE



Santiago de Chile, Chile. Febrero.

     Celia Herrera acaba de terminar de asearse  y como todas las mañanas  observa su imagen reflejada en el espejo como si se viera a sí misma por primera vez.
  Mira su cabello cobrizo completamente alborotado, quizás debería volver a sostener la rutinaria batalla con su cepillo para llegar a ese equilibrio estético entre el caos y el orden, si tuviera ganas de hacerlo.
  Mira sus ojos enrojecidos, cansados  y casi sin brillo, sin ilusión y como todas las mañanas se pregunta si tendrá fuerzas para seguir adelante.
  Antes de salir del baño su vuelve para volver a contemplar su reflejo y, aunque sus rasgos podrían ser considerados bellos a su edad para la mayoría de los hombres, no se siente a gusto con lo que ve, le disgusta su aspecto y se dice sin hablar: "  ¿ Quien eres tú, porque me miras cada mañana ? ¿ Porque estás siempre ahí, desconocida ?

     Después de un monótono y obligado desayuno Celia se encamina, siempre por la misma ruta, hacia el hospital donde trabaja como todos los días.
   El vivir tan cerca del lugar de trabajo, escasos trescientos metros,  suele ser una ventaja pero, para ella, no es así ya que el único camino viable hacia su destino pasa, inexorablemente, por un oscuro, estrecho y maloliente callejón donde las ratas pululan a su antojo. 
  La repulsión de ella hacia las ratas es tal que podría decirse que se trataba de una intensa fobia mas no recuerda si se debe a una experiencia trumática de su niñez pues su padre no hablaba demasiado con ella. Las visitas que hacía a su cuarto no eran para hablar y su madre tampoco le decía nada cuando estaba sobria, solo la insultaba y golpeaba cuando bebía.
  Lo que sí recordaba es que cada noche, al irse su padre tras dejarla manchada de sudor y semen, se sentía muy sucia. Suciedad que nunca desaparecía, ni siquiera al bañarse aunque pasara horas frotándose con un estropajo hasta arrancarse parte de la piel.
  Otros niños creían el Ratoncito Pérez  pero ella no. Ella se inventó su propio personaje el Señor de las Ratas. No era su padre quién le hacía todo eso era el malvado Rey de las Ratas.
  Años más tarde siendo ella una adolescente mamá ingresó en un centro psiquiátrico con la mente derruida por el alcohol y papá murió a consecuencia de un colapso respiratorio, al menos eso fue lo que dictaminó el forense... En realidad, su asfixia fue originada por una bolsa de plástico con la que Celia tapó su rostro hasta que él dejó de retorcerse.
  Pero ella no recordaba haber hecho eso, sus recuerdos eran un poco caóticos y lo que recordaba, quizás lo que quería recordar, era al Rey Rata ahogando a su querido papá, rodándole el aliento con su enorme hocico de roedor.

     Al llegar a la entrada de personal interno sus cavilaciones  sus recuerdos se esfuman pues ahora está en su verdadero elemento, su verdadero hogar. 
  No eligió la carrera de enfermería por humanitarismo ni por vocación, ni siquiera por tener un sueldo, más o menos, asegurado. Lo hizo simple y llanamente por su odio corrosivo y visceral hacia la humanidad.
  El ver como microorganismos, invisibles a simple vista, destrozaban cada día a la auto proclamada especie superior del planeta le hacía sentirse feliz.  ¿ Y que mejor trabajo que el suyo para poder ver a hombres, mujeres y niños abatidos por la enfermedad. Muriendo a causa de heridas a veces producidas por otros miembros de su misma especie ?
  Doce horas pasan demasiado rápido cuando te estás divirtiendo tanto y para Celia Herrera estar rodeada de sangre, sufrimiento y dolor era el culmen del divertimento.

     En ocasiones, hubo de abandonar su participación en una urgencia con la excusa de sentirse mal y tener que ir al baño mas la verdad era bien distinta, no era una indisposición  lo que la hacía buscar refugio en le lavabo sino todo lo contrario: Era la inminente llegada de un orgasmo múltiple.  Por otra parte era la única forma de sentir placer que tenía, nunca tuvo amantes en su vida adulta y odiaba cualquier contacto físico.
  Pero no todo era perfecto para ella en su trabajo pues debía intercambiar palabras con sus compañeros de trabajo incluso fingir alguna sonrisa y eso le asqueaba. De hecho le asqueaba toda relación con gente que estuviese sana...No le gustaban ni personas ni animales ni plantas solo virus, bacilos, bacterias, etc.

     Acaba la jornada y Celia debe marcharse pues no tuvo suerte y no pudo hacer doble turno. Es hora de volver a casa y reponer fuerzas para mañana volver a su paraíso privado pero antes está el callejón, ese maldito callejón y sus sempiternos moradores.
  Esa noche Celia nota algo extraño: no hay ninguna rata ! Algo que debería alegrarla, dada su fobia pero en vez de eso le perturba.
  Algo va a pasar, algo anormal y como dando sentido a sus tribulaciones aparecen las ratas de repente en oleadas como una marea gris. 
  Surgen de todas partes, de todos los sitios posibles: de las alcantarillas, de las puertas y ventanas de mugrientos edificios abandonados hace décadas y de las grietas del asfalto y las paredes, grietas que son cicatrices dejadas por las heridas del abandono y el olvido.

     Mas las ratas no se mueven de forma desordenada ni caótica. sino que lo hacían como  un pequeño ejército perfectamente disciplinado que seguía órdenes de un general invisible, rodeando a la mujer paralizada por el horror, formando círculos con gran velocidad y precisión hasta cercarla por completo. 
  Se cuentan por centenares, quizás millares y los círculos de su formación se van estrechando hasta llegar a establecer contacto con la mujer.
  Celia ya no puede mover ni un músculo, ni siquiera intentarlo, solo puede notar como los roedores suben por sus piernas rápidamente, hasta cubrirla por completo como una segunda piel dejando al descubierto solo sus ojos.

    " Debería estar a punto de desmallarme de puro pánico " - Piensa Celia pero lo cierto es que no es así, percibe una extraña sensación que desconocía hasta ese momento pero no se parece al miedo.
  Entonces se percata de que es la única sensación que nunca ha experimentado: Amor. Sí, es amor, amor maternal como el que nunca tuvo, amor maternal hacia esas criaturas que acarician su piel y la aíslan del mundo, que la hacen sentirse segura.
  Por primera vez desde que tiene uso de razón se siente en armonía consigo misma.
  
     Respira hondo, traga saliva y pierde la mirada en el infinito hasta que algo se cuela en su campo visual, algo con apariencia humana...
  Aparenta ser un hombre pero ella sabe que es mucho más que eso, es alto con pelo largo y oscuro, su figura es esbelta y por algún motivo no puede distinguir sus facciones a pesar de estar muy cerca de ella, si no fuera porque es imposible diría que no tiene rostro.
  Su presencia en poderosa, emana energía vital a borbotones, parece más un flujo de energía que un ser material y parece tener poder para hacer cualquier cosa.
  Habla y su voz está a caballo entre un dulce susurro y un poderoso bramido, de una claridad cristalina. Habla en un lenguaje no humano pero que ella puede entender aun si saber como ni porqué.
  - " Te he elegido a ti mujer porque naciste para esto y ahora vas a renacer en tu verdadera encarnación. Desde este preciso instante la falsa identidad de  Celia Herrera ha dejado de existir: Ahora eres La Peste. " -


                                                 Fin de la 1ª parte
  
  
     

     

martes, 9 de julio de 2013

La princesa y el unicornio

 

       La princesa de cabellos de oro cepillaba su larga melena frente al espejo de su tocador. Un halo de tristeza ensombrecía su bello rostro, su pálida tez reflejaba la luz de la luna que invadía su alcoba a través de la ventana.
  Se sentía afligida por todo lo que se avecinaba en las  fechas venideras: Su padre el rey vivía sus últimos días en el mundo terrenal, se negaba ya a levantarse de su lecho y mucho menos a salir de sus aposentos. Parecía así querer acelerar la llegada de La Parca como la única forma de poner fin a su temida enfermedad: La vejez.
  Eso obligaba a la princesa dorada a tener que desposarse pues todo reino necesita un rey. Un reino si un monarca incita al caos, a luchas por el poder internas e incluso externas. Ella no estaba dispuesta a poner en peligro siglos de paz y estabilidad, si tenía que sacrificar su felicidad personal por el bien de su pueblo, lo haría sin dudar. 
  
     Mas la elección no era fácil, abundaban los candidatos, pues la belleza de la joven era cantada por trovadores de todos los reinos vecinos, pero todos eran altivos, prepotentes, pagados de sí mismos. Pensaban que sus tesoros, sus caros ropajes, su rancio abolengo, sus posesiones territoriales, y en algunos casos su atractivo físico, bastaban para hacer caer rendida a sus pies a cualquier mujer, fuese princesa o no.
    Sin embargo no era así en esto caso pues ella necesitaba más de lo que no podían darle que de lo que sí. Necesitaba que la hicieran reír, que le aportasen más pasión emocional que física   necesitaba ternura, cariño, comprensión... Algo que parecía muy improbable de conseguir entre la alta alcurnia  algo que sí parecía que pudiera aportarle el bufón de la corte, tan guapo como divertido, tan sensible como honesto.
  Mas eso era inviable nunca una heredera al trono se había desposado con un plebeyo, sus sentimientos deberían supeditarse a su deber para con su pueblo.
  Y su deber no era otro que elegir uno de los príncipes de los reinos vecinos como consorte y cumpliría con ese deber aunque este le quitara el sueño.

     Sabedora de su imposibilidad de poder dormir esa noche, con tanta pesadumbre, decidió salir del castillo y caminar sin escolta por los bosques aledaños. 
  Necesitaba sentir la brisa fresca en su rostro, oler los efluvios de la vegetación y oír los sonidos de la madre naturaleza: el ulular del viento, el concierto nocturno de los grillos, el canto del búho...
  Caminó y caminó hasta perder la noción del tiempo y el espacio: Se había perdido y le era imposible encontrar el camino de vuelta a pesar de que la luna, más llena que nunca, alumbraba tanto que se podía ver casi como si fuera de día.
    No podía encontrar ninguna señal, ningún rastro que le sirviese para, al menos, intuir el camino que debía seguir. 
  Comenzó a andar más deprisa, tratando de encontrar una solución a su problema, cuando el aullido de un lobo solitario convirtió su paso acelerado en una carrera.
  Corrió, con el corazón cada vez latiéndole con más fuerza, sin saber a donde se dirigía ni por donde iba hasta que se adentró en un claro desconocido para ella hasta ese momento.

     Al instante se sintió más calmada, su miedo desapareció pues en el claro había un arroyo de aguas cristalinas y de esas aguas bebía una criatura mágica, un animal majestuoso... 
  Había oído historias sobre seres así en su infancia, se las contaba su padre cada noche en su lecho tras morir su madre víctima del tifus, pero al crecer nunca pensó que pudieran existir y mucho menos que llegaría a tener a uno ante ella.
  Era un unicornio sin lugar a dudas pues no podía confundirse con un caballo, no sólo por el cuerno que coronaba su frente sino por el tamaño ( era más grande que cualquier équido conocido ), por la gracilidad de sus movimiento y por su mayestático porte.
  Su cabeza, su piel y sus crines eran blancas y la luz de la luna le hacía brillar como con un aura dorada. No tuvo miedo de acercarse a él pues era tal su belleza y sus ojos brillaban con tanta calidez e inteligencia que además se atrevió a acariciarlo.
  Nunca había tocado nada tan suave, ninguna de las lujosas alfombras de palacio, ninguno de sus ropajes, hechos con la mejor de las sedas traídas de oriente, podían equipararse a su brillante piel.
  El animal dobló sus patas delanteras y se arrodilló invitándola, de este modo, a subirse a su lomo algo que hizo sin dudarlo ni un solo instante.
  

     El unicornio comenzó a caminar, a trotar y finalmente a galopar mientras que la joven princesa suspiraba: se sentía cada vez mejor, se sentía tan bien, tan a gusto, tan a salvo a lomos de ese ser mágico que no quería bajarse nunca. 
  Justo cuando más a gusto estaba, cuando un segundo suspiro asomaba en sus labios de rubí su transporte se detuvo. Se
  Se volvió a arrodillar para que ella se apeara y con un estremecedor relincho a modo de despedida y se marchó perdiéndose en la negrura de la noche.

     Encontrábase delante de su castillo, la había traído de vuelta a casa, de vuelta a sus tribulaciones, de vuelta a su áspera realidad.
  Entró con la intención de volver a su alcoba para tratar de dormir y descansar algo cuando oyó música y jolgorio en la sala del trono.
  Se estaba celebrando una fiesta, un banquete de boda y en el trono sentado se hallaba un hombre que apenas pudo reconocer sin sus mallas y su gorro de cascabeles, sustituidos éstos por un lujoso traje y una corona.
  Al instante supo que el ágape era en su honor, que el otrora bufón de la corte era ahora su recién desposado consorte y su rey.
  
     No sabía si su vida anterior a esa noche, al encuentro con el ser mágico había sido una pesadilla o si lo que vivía ahora era un sueño mas no le importaba en absoluto.
  Estaba dispuesta a disfrutarlo y así lo hizo pues su matrimonio fue feliz, su reinado fructífero y el pequeño reino gozó de paz y estabilidad antes nunca vistos.
  En cuanto al unicornio nadie volvió a verlo o al menos a confesar haberlo visto y la joven reina tampoco lo hizo ni siquiera a su marido pues temía que si hablaba de ello la magia se rompería y todo su sueño cumplido se vendría abajo como un castillo de naipes, guardó el secreto hasta el día de su muerte y eso le permitió llevar una vida larga y plena, su discreción y su prudencia le permitió ser feliz por siempre jamás.



                                                              FIN

domingo, 7 de julio de 2013

Sueños

   
  Una vez soñé que podía volar, era tan real que pude sentir el viento a través de mi blusa, la humedad bañando mi rostro al atravesar las nubes. Pude volar en formación con las aves migratorias que huían de los rigores del invierno buscando un destino más cálido, buscando un lugar mejor para vivir y criar a sus polluelos. ¡ Me sentí tan libre !
    En otra ocasión soñé que podía nadar y respirar bajo el agua, sumergirme hasta lo más profundo del océano, jugar con las marsopas, viajar grandes distancias con las orcas e incluso dormirme en el dorso de una gran ballena azul, hasta pude comunicarme con todos ellos y compartir su dolor por el daño que los humanos hacen a los mares. ¡ Me sentí tan útil y capaz !

     Una vez soñé que tenía muchos amigos y salíamos de fiesta, organizábamos barbacoas, nos reuníamos en torno a una hoguera y contábamos historias de miedo al caer la noche. Hablábamos del futuro, hacíamos planes para salvar el mundo. ¡ Me sentí tan querida !

     Otra vez soñé que hacía el amor con un hombre apuesto, atento y cariñoso. Me acariciaba con tanta dulzura, me besaba con tanta pasión, se esmeraba tanto en mi placer personal, olvidándose casi del suyo propio, que no me sentía una más si no la única. La reina de su corazón,la dueña de sus pensamientos. ¡ Me sentí tan feliz !

     Y una vez soñé que era humana, que podía caminar, cepillarme el pelo, comer helados y beber batidos de todos los sabores, que podía sonreír, reír, cantar, bailar, sentir frío y calor, experimentar sensaciones como las que siente cualquier ser vivo pues soñé que era una mujer. Una mujer real y no un programa informático, una simulación de una voluptuosa fémina, un maldito holograma creado para satisfacer las necesidades de un hombre tan solitario como egoísta. ¿ Me pregunto si mi programador es consciente de que al dotarme de intelecto me dotó de la capacidad humana de desear la felicidad ? ¿ Me pregunto si es conocedor de como me condenó a sufrir por ello ? Aunque se que si lo sabe no le importa.



miércoles, 3 de julio de 2013

Tempus fugit ( El viajero involuntario )


     
       Marco Craso estaba hastiado de tanta guerra, tanta sangre, tanta muerte y tanta destrucción.  La campaña en Germania se estaba alargando más de lo previsto y el invierno se acercaba, pronto las montañas y los campos se cubrirían con una manto blanco que dificultaría el caminar y mucho más el desenvolverse con soltura en la batalla. El aire se tornaría más gélido aún y la, ya de por si difícil, empresa de combatir a los vándalos se volvería más ardua.
   Craso no se unió a la legión por amor a Roma, por el honor o la gloria de servir al Imperio. Lo hizo únicamente por dinero, pretendía ganar lo necesario para mantener con cierta holgura a su familia que le aguardaba en su Lusitania natal. A su vuelta podría olvidarse de tanta violencia y dedicarse a cuidar de su familia y arar los campos, si es que volvía pues la campaña se recrudecía cada vez más y las bajas en ambos bandos se contaban por millares.

     Esa noche no le tocaba guardia pero no podía conciliar el sueño así que se levantó, se equipó, se armó y salió del campamento. No tenía el permiso de su centurión para hacerlo pero contaba con la discreción del centinela , un odre lleno del mejor vino se la aseguraba.
  Se encaminó hacia el, aún frondoso, bosque germano. Vagó sin rumbo fijo pensando en sus cosas: Pensaba en cuánto tiempo hacía que no veía el pelo negro de su mujer Dania agitado por el viento, en cuanto deseaba volver a tocarla, a besarla, a abrazarla, en cuanto deseaba volver a hacerle el amor. Era costumbre que en los campamentos romanos hubiese un lupanar para mantener la moral alta de las tropas pero él jamás hizo uso de ello. Pensaba demasiado en su esposa y en su hijo, le preocupaba que el pequeño no le reconociese a su vuelta tras tantos años fuera de casa... Cuando decidió que ya era hora de regresar unos destellos de color verdoso reclamaron su atención, la luz venía de la falda de una montaña cercana.
  Al aproximarse descubrió una abertura, la entrada a una pequeña cueva oculta tras unos matorrales. Usó su espada para despejar la entrada, tenía que descubrir que era lo que emitía esa luz, no sabía porqué pero necesitaba saber que causaba ese misterioso resplandor.
    Se trataba de una extraña roca grande, porosa de forma irregular. Sintió deseos de tocarla y ´quedó sorprendido por lo suave y cálida que era al tacto, parecía más un ser vivo que materia inerte.  - " Debe venir del cielo, será un regalo de los dioses " - Pensaba el soldado romano cuando un sonido atronador le sacó de sus cavilaciones.

      Salió al exterior quedándose atónito ante lo que veían sus ojos: se libraba una batalla en el valle tras la montaña.
  Dos numerosos ejércitos ataviados con extraños ropajes se enfrentaban en una cruenta batalla, mas lo ciertamente sorprendente eran las armas que usaban, las máquinas de guerra que empleaban.
  No había arcos ni flechas ni lanzas ni escudos si no estacas alargadas que escupían fuego con estruendo y mataban a distancia.
  En la retaguardia unos cilindros metálicos montados sobre ruedas de madera lanzaban unas esferas, metálicas también por su aspecto, que destrozaban el suelo al impactar y mutilaban los cuerpos de los soldados enemigos.
  Marco encontró cierta similitud entre estos carros de fuego y las catapultas con las que estaba tan familiarizado  pero estas ni tronaban ni lanzaban sus proyectiles a esa velocidad de vértigo.
  El Lusitano no podía saber que acaba de presenciar una batalla que ocurriría muchos siglos después de su nacimiento: Se trataba de un episodio de las guerras napoleónicas, un duelo entre las tropas imperiales de Napoleón Bonaparte y el ejército formado por una alianza de naciones-

     Aterrado, temblando de miedo y temiendo haber perdido la cordura volvió a la cueva buscando refugio. Dudaba de que fuesen hombres lo que había visto enfrentarse en tan cruenta batalla, o eran dioses o todo había sido un mal sueño.
  Se abrazó a la extraña roca esmeralda y elevó sus preces al cielo, rezó a los dioses que conocía: Rezó sobretodo a Marte, dios de la guerra y le imploró que acabara con tamaña pesadilla.
  No pudo continuar con sus plegarias cuando un tremendo temblor comenzó a sacudir la cueva y tuvo que correr para salvar la vida. La cueva se derrumbaba, la tierra temblaba cada vez más.
  Se salvo por muy poco de ser enterrado por toneladas de roca que caían sin piedad, solo sus reflejos y su buena forma física, cortesía del entrenamiento del ejército imperial, le permitieron lanzarse en horizontal hacia lo que quedaba de la entrada a tiempo, cayendo de bruces sobre la hierba del exterior, solo para ver:

     Otra batalla, otra masacre entre ejércitos con atavíos, ropajes y parafernalias aún más bizarros, con armas y máquinas de destrucción imposibles de imaginar.
  En esta ocasión no tuvo dudas de que no contemplaba un combate entre hombres si no entre dioses pues solo un dios como Volcano podía haber creado, en su divina fragua, esos carros de metal que no se desplazaban sobre ruedas si no sobre enormes cadenas. Carros que tronaban aún más que los de su anterior visión, carros que hacían temblar el suelo con solo desplazarse...
  Solo Prometeo podía estar detrás de aquellos artilugios que portaban algunos de esos guerreros que lanzaban largas  y mortíferas llamaradas sin apenas ruido y desde luego solo el gran Júpiter podía dirigir esa máquinas voladoras que se asemejaban a gigantescos pájaros que dejaban caer una mortífera carga que lo destrozaba todo a su alrededor creando un infierno de fuego y truenos.

     La cueva ya no existía, sepultada por el impacto de una de las cargas de esos pájaros de muerte. No había sito a donde huir ni a donde refugiarse de ese auténtico infierno en la tierra.. 
  " ¿ Vais a llevarme con vosotros a los campos elíseos o quizás al Hades ? "
  Gritó el soldado movido más por la desesperación que por la fe, su mente estaba al borde de la locura y ya no podía asimilar esas experiencias,  no sabía porque le ocurría todo esto solo quería que se acabase de una forma u otra-
  Casi cómo en respuesta a su desesperada llamada de auxilio una ráfaga de ametralladora proveniente de un Stuka de la Luftwaffe acabó con su sufrimiento partiéndole en dos. 
  Quizás se podía pensar que los dioses oyeron sus plegarias y se apiadaron de el pobre viajero involuntario pero no eran dioses los que allí litigaban si no hombres de otra época muy distinta a la suya: Eran soldados de la Unión Soviética en plena invasión de la Alemania Nazi de Adolf Hitler.
  Marco Craso de Lusitania murió siendo joven. Su edad biológica correspondía a la de un hombre de 23 años pero paso tanto tiempo cronológico desde su nacimiento en el año 112 A.C. y su muerte en el año 1944 D.C que fué el hombre más longevo de toda la historia.



                                                              Fin